Mi mano


Me esfuerzo por encontrarte por debajo de mi mano, te busco inagotablemente por detrás de las falanges de mis dedos, se escabullen mis pensamientos dibujando con la mirada los surcos de mi piel lastimada. De pronto me detengo, sigo inquieta, mi mano sigue inquieta, detenida pero ansiosa. Ansiosa de que la encuentres, de que la pueda desnudar capilarmente y al hacerlo descubra lo que esconde.
La miro y ella me mira sorprendida que pueda ver que la miro. Del miedo se contrae y recluta sus dedos en la palma confeccionando un puño tensado pero tímido. Claro que tiene miedo, tiene miedo que descubra lo que esconde en su memoria y lo que ansía en su presente. Tiene miedo que descubra que no solo soy quien dirige su quinteto de peones, sino que soy la descubridora de su propia consciencia carpiana, que siente lo que siento y no se limita solo a ser el medio cuando decido tocar tu mejilla por ejemplo, sino que es ella también consciente de la tibieza de tus yemas, de la perfección de tu piel, de la savia motivada que desciende por tu muslo cuando un medio de los suyos declara su presencia temporal en tus dominios más profundos.
Tiene miedo que ahora que lo sé, le impida sentir el borde de tus labios que se van secando cuando te tocan, el contorneo circular de una taza de porcelana, las fibras de un bordado de lana o incluso peor, que no pueda sentir entre sus dedos el oleaje inexcusable cuando juego con tu pelo.
Tiene miedo que la condene perpetuamente a una vida escondida entre guantes o algún bolsillo de jean de tela dura y rasposa. Cuando la miro, noto una mano temerosa, pero decidida a revolucionarse ante mí si por infortunio elijo, en mi egoísmo más rudimentario, impedirla por cruel lucidez de volver a sentirte entre su potestad dactilar, lo más hermoso de tu cobertura corpórea, tu reacción rígida y atenta cuando su frescura te invade y cuando su insistencia te sofoca. Cuando más la indago, más observo desde sus falanges distales hasta incluso llegando a reclutar al antebrazo, su decisión titánica, torpe hasta me atrevo a decir ingenua de levantarse en mi contra por siquiera la idea de vetarla de ti.
Tal vez, hoy no haya podido encontrarte, pero al intentarlo descubrí, que hay una consciencia en mi mano tan viva de tenerte, de sentirte y de tocarte que estaría dispuesta a lo inimaginable, a lo inverosímil, si por juicio o por destino ya no puede volver contigo.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares