Diario

Día 1: Martes determinado. Me decido a resignarte para siempre. La habilidad destructiva de mis palabras aseguran haber deshilachado cada recóndita esperanza de un reinicio doloroso.
Las expectativas son buenas. Se esperaban precipitaciones pero a las 6 de la tarde ya me conformaba con su ausencia al igual que la tuya.

Día 2: Un miércoles que amenaza con ser largo. Te recuerdo por momentos pero no ansío saberte como lo hacía. Hasta siento que despierto de un sueño en el que nos queríamos.

Día 3: Jueves gris. El amanecer fue relajante. Podría haber sido un día continuo, una cuenta regresiva para olvidarte de esas que se pasan con un café. Aparecías en mi memoria como un recuerdo más nítido y deseaba tranquilamente que se fuera desvaneciendo tu nombre. Tu intermitencia no permitía concentrarme pero domé tu recuerdo al mirar que aún era capaz de estar en pie y salí a ver el sol y sentir toda mi individualidad.
La tarde se hacía noche y la noche se hacía de un olvido vívido. Se hacía presente como un ave negra y brillante que con alas no vuela y tampoco lo desea que me pareciera vigilar desde la habitación donde quería escribirme para vos. La cotidianidad misma hizo que te suspendiera por momentos y tu ser se materializó en una canción que simulaba ser a medida. Y ahora recuerdo que a las 3 me aproveché de nuestros días para sentir el eco de tu voz callada tantas veces como esta herida permitiera entrar la sal. Y miré tu nombre tantas veces como los ojos permitieran entrar la arena. Y te vi desde el rabillo del ojo en un espejo que lloraba y solo deseaba que no fueran tus lágrimas sino las del espejo y que no fueras verdad y solo un reflejo. En realidad siempre quise que fueras cierta pero no me animé a dejar que tus bordes fueran tan certeros como vos querías y no es que trate de justificarme en esto por todo lo que nos pasó mas quise difuminarlos para que cuando tocara tus filos no lastimasen. Pero me había olvidado que en mi no estaba el contenerte y te expandiste alrededor en una danza tan tuya y tan rebelde que me superaba y terminaba por cometer tantos pecados como latidos extasiados dabate este corazón.
No se si quiera que este jueves no haya existido nunca. No estoy segura que quiera que pierda su victoria sobre el pasado martes o el miércoles. Aun queda 1 hora hasta despedirlo formalmente y en todo caso sigo sintiendo que mañana será otro jueves.

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